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La generación sin rumbo: una conocida y triste realidad para la población japonesa promedio

Ningún país es perfecto, ni mucho menos una vida o una carrera.

En nuestra cotidianidad no tenemos nada asegurado, y aunque cueste asimilarlo realizar x o y acción no nos protegerá indefinidamente contra los violentos cambios económicos y sociales que pudiera atravesar el mercado laboral y los sectores comerciales en el país en el que residimos.

La adultez no es fácil, y más cuando se esperan un centenar de expectativas heredadas de acuerdo a las normativas sociales.

Como individuos sociales se quiere que estudiemos una carrera en la universidad, consigamos un buen trabajo en relación a lo que estudiamos, nos mudemos de la casa de nuestros padres,  nos casemos y tengamos hijos.

Estas metas no son tan inocentes como en determinado momento se nos plantearon, llevan mucho tiempo y sobre todo llevan una cruda inversión económica. Aunque en algunos países como Japón, no sólo es necesario contar con estos recursos de tiempo y dinero, también es importante la juventud de individuo en cuestión.

Para los japoneses el éxito parece estar anclado a que tan joven eres, y no es una cuestión sobre las aficiones de la juventud, sino sobre las ventajas de tener personal joven y preparado en las diferentes empresas que coexisten en el territorio japonés.

Muchos dicen que se trata de un tren, uno que se agarra una sola vez y que es casi imposible que vuelva a pasar por sus vidas.

La realidad es que después de graduarse, los jóvenes japoneses tienen la ventaja de ser seleccionados en puestos de trabajo con buenos y constantes sueldos  que les permitan ir ascendiendo en su rubro laboral, algo que no pasa con la población con más edad.

La preferencia es obvia, se quiere crean raíces en los trabajadores, y para eso se necesita personal joven dispuesto a formarse en la organización.

Pero ahora viene la pregunta ¿Qué pasa con los demás?

Porque los buenos puestos de trabajo están destinados a jóvenes japoneses que fueron a la universidad y tomaron las oportunidades laborales que su desempeño académico y juventud les proporcionaron, pero también existe una población que no cuenta con la misma suerte. 

En uno de los últimos censos del país se reveló que más de 3,4 millones de japoneses mayores 40 años no han podido comprar o alquilar sus propias viviendas, y siguen dependiendo a gran escala de sus padres.

Esta población es considerada por muchos como una generación perdida, aquella que por casi 20 años ha sido víctima de la exclusión del mercado laboral por no adaptarse a las necesidades del sector empresarial japonés, y que logra subsistir por medio de salarios bajos sin posibilidad de ascender en sus campos de trabajo.

Aunque claro, el gobierno japonés ha desarrollado algunos planes para ayudar a estas personas a lograr mejores condiciones de vida en lo que a vivienda y trabajo se refiere, pero solo el tiempo dirá si la vida les sonríe a estos desafortunados.

El desempleo y la incapacidad de independencia en Japón es una realidad para muchos japoneses, así que sólo quedará hacer conciencia de esta situación.

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