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La destrucción de la naturaleza y la aglomeración demográfica como causas de las enfermedades infecciosas

Desde finales de la década de 1950, se han registrado unos cuarenta nuevos tipos de enfermedades infecciosas de origen vírico en todo el mundo.

Animales expulsados de su hábitat

Primero fue el ébola, luego la gripe aviar, más tarde el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés) y ahora la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19). En estos últimos años los virus, enemigos naturales de la humanidad, vienen causando estragos en todo el mundo y dejando miles de víctimas a su paso.

“Hay que señalar la destrucción del medio ambiente provocada por el hombre como primera causa de la proliferación de enfermedades infecciosas”, afirma Ishi Hiroyuki, de 79 años, periodista experto en medioambiente y autor de Kansenshō no sekaishi (Historia mundial de las enfermedades infecciosas).

Ishi Hiroyuki: Periodista especializado en temas medioambientales y medioambientalista. Después de trabajar como reportero para el periódico Asahi Shimbun, fue asesor senior del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, profesor de posgrado en las universidades de Tokio y Hokkaidō, y embajador de Japón en Zambia. Es autor de numerosas obras, entre ellas Chikyū kankyō hōkoku (“Informe medioambiental global”; Iwanami Shoten), Watashi no chikyū henreki: Kankyō hakai no genba wo motomete (“Mi periplo a la búsqueda de la destrucción medioambiental”, Kōdansha), etc. En nippon.com ha publicado la serie Nihon no shizen: Hakai to saisei no hanseiki (“La naturaleza de Japón: Medio siglo de destrucción y regeneración”).


Ishi Hiroyuki: Periodista especializado en temas medioambientales y medioambientalista. Después de trabajar como reportero para el periódico Asahi Shimbun, fue asesor senior del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, profesor de posgrado en las universidades de Tokio y Hokkaidō, y embajador de Japón en Zambia. Es autor de numerosas obras, entre ellas Chikyū kankyō hōkoku (“Informe medioambiental global”; Iwanami Shoten), Watashi no chikyū henreki: Kankyō hakai no genba wo motomete (“Mi periplo a la búsqueda de la destrucción medioambiental”, Kōdansha), etc. En nippon.com ha publicado la serie Nihon no shizen: Hakai to saisei no hanseiki (“La naturaleza de Japón: Medio siglo de destrucción y regeneración”).

La humanidad avanza en la destrucción a gran escala del entorno natural —sobre todo, los bosques— para explotar sus materias primas. Especies salvajes que vivían tranquilamente lejos de la civilización ven trastornado su ecosistema y penetran en nuestro entorno cotidiano. La frontera entre personas y animales, antes claramente delimitada, se difumina, y las criaturas salvajes esparcen nuevos virus a través de los animales domésticos (ganado y animales de compañía).

Entre 1976 y 2019, se han registrado más de treinta brotes de ébola, principalmente concentrados en África occidental. El ébola es una enfermedad muy infecciosa que provoca hemorragias en todo el organismo y resulta mortal en un 90 % de los casos. Presenta un potencial de contagio elevadísimo, ya que se transmite incluso a través de los cadáveres infectados. El virus surgió de una especie de murciélagos gigantes conocidos popularmente como zorros voladores, que miden en torno a un metro de envergadura y habitan las profundidades de la selva tropical. “Las epidemias de ébola suelen aparecer justo después de que se destruyan vastas extensiones de bosques por actividades como la minería, en países ricos en materias primas minerales como Gabón”, explica Ishi Hiroyuki.

Las consecuencias inesperadas de un mayor consumo de carne

La generalización del consumo de carne en el mundo, con su consiguiente multiplicación del ganado, impulsa la propagación de enfermedades infecciosas y la aparición de nuevas afecciones. Ishi afirma que la producción en masa de carne de vaca, cerdo, pollo y otros animales, derivada del aumento del volumen de carne que se consume, “provoca epidemias de enfermedades infecciosas a partir de una cadena de hechos inesperada”.

Entre 1998 y 1999, en la isla malasia de Borneo murieron más de cien personas que presentaban síntomas como fiebre y dolor de cabeza. El ejército se desplegó en la zona y provocó un escándalo al matar a tiros a los cerdos locales que supuestamente habían originado la enfermedad.

En el vecino Singapur, un país de territorio muy limitado, se habían alzado protestas contra los malos olores que emanaban de las explotaciones ganaderas. El Gobierno prohibió la cría de cerdos para el consumo y se empezó a importar carne de porcino desde Malasia. Como consecuencia, la producción de cerdos en Borneo experimentó un auge y se montaron granjas hasta en las profundidades de la selva. Una especie autóctona de murciélago grande empezó a rondar por las granjas esparciendo virus con su orina y contagió a las personas a través de los cerdos. El causante de la enfermedad resultó ser un nuevo tipo de virus Nipah que desde entonces ha desencadenado más de diez brotes epidémicos en la India y otras zonas de Asia.

Una revancha contra la humanidad por degradar el medioambiente

La desaparición de zonas húmedas que acogían a las aves migratorias en invierno a lo largo de estos últimos años ha influido en la aparición de la devastadora gripe aviar. Ishi, experto en problemas medioambientales, apunta que la aglomeración de aves en los destinos de invierno aumenta exponencialmente el riesgo de que los patos se contagien de virus.

Se cree que la mayoría de las enfermedades infecciosas que han surgido recientemente, como la del nuevo coronavirus, provienen de los animales. Parece que esos enemigos naturales del hombre que son los virus se estén vengando de la humanidad por su explotación irrespetuosa del medio ambiente.

Entornos superpoblados e insalubres a causa de la urbanización

John Snow, el médico británico que descubrió que el agua de boca era la fuente de contagio del cólera. (Imagen del archivo de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos)
John Snow, el médico británico que descubrió que el agua de boca era la fuente de contagio del cólera. (Imagen del archivo de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos)

La aglomeración demográfica derivada de la urbanización en todo el mundo es un motor que multiplica las enfermedades infecciosas. Con la revolución industrial, que nació en el Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XVIII, gran parte de la población se trasladó a las ciudades y se inició un proceso de concentración demográfica. Cuando los trabajadores empezaron a migrar en masa de las zonas rurales a las ciudades industriales, servicios básicos como la vivienda, el agua corriente y la recogida de basuras resultaron insuficientes para abastecer a toda la población y se crearon barriadas marginales. “El entorno superpoblado e insalubre se convirtió en un hervidero de enfermedades infecciosas”, apunta Ishi.

El cólera apareció en el Reino Unido en 1831 y se cobró 140.000 vidas en todo el país. En el Londres de la época, el alcantarillado desembocaba directamente en el río Támesis, del que se extraía el agua de boca para los ciudadanos sin someterla a ningún tratamiento de purificación. El médico John Snow investigó las zonas con brotes epidémicos y descubrió que había muchos enfermos entre aquellos que bebían el agua del Támesis en 1854.

Así fue como se descartó la hipótesis dominante de que el cólera se transmitía por vía aérea y se determinó que la fuente de contagio era el agua de boca. Este descubrimiento, que se considera el nacimiento de la epidemiología —con el doctor Snow como padre de esta disciplina—, trajo consigo una mejora de las condiciones del agua corriente y el alcantarillado.

Brotes epidémicos en los cruceros

“La primera vez que se comprobó lo expuestas que están las personas a los virus en un entorno masificado fue en un barco de esclavos”, comenta Ishi. Nefastamente hacinados en su ruta desde África, a través del océano Atlántico, al llegar a América entre el 30 % y el 50 % de los esclavos de la embarcación habían muerto por enfermedad. Los virus saben lo fácil que resulta expandir el contagio cuando hay una alta densidad humana.

Un brote del nuevo coronavirus que se produjo recientemente en el crucero Diamond Princess se convirtió en un grave problema. Según Ishi, “En el barco viajaban 3.700 personas, que convivían en un espacio muy reducido, y la mayoría eran de edad avanzada, la franja de población más vulnerable al contagio: las condiciones idóneas para el virus. Los brotes epidémicos en los cruceros son muy frecuentes. Los informes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos indican que en los últimos diez años se han producido 110 casos en cruceros de todo el mundo”. Los virus atacan sin contemplaciones, por más lujoso que sea el barco.

Imagen del Diamond Princess, el crucero que sufrió un brote del nuevo corona virus, tomada el 12 de febrero de 2020 en el muelle de Daikoku, Yokohama. (Jiji Press)
Imagen del Diamond Princess, el crucero que sufrió un brote del nuevo corona virus, tomada el 12 de febrero de 2020 en el muelle de Daikoku, Yokohama. (Jiji Press)


La gran responsabilidad de China

Ishi, que sostiene que China tiene una parte muy grande de responsabilidad en la aparición de enfermedades contagiosas, predijo con acierto la pandemia actual en la obra que escribió hace seis años y que hemos citado arriba, Kansenshō no sekaishi (Historia mundial de las enfermedades infecciosas). Bajo el título “China puede convertirse en un criadero de enfermedades infecciosas”, el científico menciona incluso la propagación de una enfermedad dentro y fuera del país a causa de los desplazamientos en masa del Año Nuevo Lunar. Con una población que se acerca a los 1.400 millones de habitantes, el gigante asiático sigue sufriendo un grave problema de higiene pública fuera de las grandes ciudades.

“Otro tema que preocupa respecto a China es su incursión en África occidental, que también presenta un atraso en salubridad pública. Hay una numerosa población de trabajadores chinos que se dedican a explotar los recursos subterráneos de la región y aceleran la destrucción de la selva”, sentencia Ishi. Como explicábamos antes, África occidental es una región donde prolifera el ébola, la peor de las enfermedades infecciosas. Uno siente escalofríos solo de imaginar qué sucedería si ese virus se introdujera en China.

Cortesía, www.nippon.com

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