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Japón a través de sus leyendas urbanas: de Kuchisake onna a la estación de Kisaragi

Las leyendas fantásticas se contaban de boca en boca, como algo sucedido a algún conocido, ahora se transmiten por los espacios digitales. Un experto en folklore japonés nos habla del trasfondo y nacimiento de este tipo de leyendas urbanas, y de los cambios sociales que representan.

Una leyenda cuenta como mujer desconocida, con mascarilla, se cruza con un niño y le pregunta: “¿Soy hermosa?”. El niño, asustado, le contesta que sí, y la mujer se quita la mascarilla. “¿Ahora también lo crees?” Sus labios se separan, abriéndose hasta las orejas… Casi todo japonés, de la edad que sea, ha escuchado alguna vez esa historia, llamada Kuchisake onna. En estos últimos años se ha hecho famosa también en el extranjero, como ejemplo de cuento de terror japonés.

Según Iikura Yoshiyuki, profesor de la Universidad Kokugakuin “La historia de Kuchisake onna es la más famosa de entre todas las leyendas urbanas puramente japonesas”. ¿Cómo se genera este tipo de leyenda urbana? ¿Cómo evoluciona con el tiempo?

Kuchisake onna, una advertencia sobre los desconocidos

Según Iikura, a finales de 1978 se comenzó a propagar un rumor sobre una anciana labradora de Yaotsu, en la prefectura de Gifu; que decía haber visto en un rincón de su jardín a una mujer con una boca de oreja a oreja.

“A principios de 1979 el periódico Gifu Nichinichi Shinbun informó sobre los rumores de Kuchisake onna; y entre los niños la historia continuó circulando, cada vez más detalladamente exagerada.

La mujer llevaba una mascarilla, vestía un abrigo rojo… Incluso contaban que llevaba en la mano una hoz, que podía correr cien metros en seis segundos, que odiaba el olor de la gomina y que si le dabas un caramelo te dejaba marchar”.

En apenas seis meses, la leyenda de Kuchisake onna salió de Gifu y se extendió hasta Aomori, al norte, y Kagoshima, al sur. “Un factor importante en ello fue el hecho de que en esa época aumentó mucho el número de niños que estudiaban en alguna academia tras la escuela. Hasta entonces las leyendas urbanas no habían tenido mucha oportunidad de salir de cada distrito escolar, pero en las academias, que contaban con estudiantes de diversos centros, bastaba con que un niño contara algo que había pasado en su escuela para que los demás se asustaran y, pensando que lo mismo podía ocurrir en su propio centro, se lo contaran a su vez a sus compañeros. Algunos hablaban por teléfono con parientes, y la información llegó a transmitirse incluso mediante otros periódicos e incluso cadenas de televisión”.

Para los niños, Kuchisake onna era una imagen terrorífica, y también una advertencia sobre los desconocidos. “Las academias comenzaban sus clases por la tarde, y después los niños salían en tropel a la calle y debían regresar a sus casas de noche, con lo que veían un tipo de adultos como jamás habían visto hasta entonces: mujeres con trabajos nocturnos, gente borracha como una cuba… La ansiedad que les provocaba pensar que quizá alguno de esos adultos podría hacerles daño se fue proyectando en la figura de Kuchisake onna“.

“Inicialmente los profesores y los padres se preocupaban, y patrullaban las calles y rutas entre la escuela y las casas. A principios del verano de 1979 las leyendas comenzaron a calmarse. La impactante imagen de Kuchisake onna, sin embargo, permaneció en el imaginario colectivo, y quedó establecida como uno de los fantasmas prototípicos de Japón”.

La casa embrujada Kyōfu no hosomichi, en el distrito comercial Yanagase, en la ciudad de Gifu, ambientada con la leyenda de Kushisake onna. Se inauguró temporalmente en el verano de 2012, y se cerró al público en septiembre de 2019 (Jiji Press)
La casa embrujada Kyōfu no hosomichi, en el distrito comercial Yanagase, en la ciudad de Gifu, ambientada con la leyenda de Kuchisake onna. Se inauguró temporalmente en el verano de 2012, y se cerró al público en septiembre de 2019

La primera ola: rumores entre los jóvenes

En la segunda mitad de los setenta, cuando se comenzó a extender la leyenda de Kuchisake onna, las estructuras económicas de Japón estaban cambiando; los vehículos, servicios telefónicos, televisión y otras infraestructuras que permitirían una vida cultural urbana se habían asentado.

La expresión “leyenda urbana” fue introducida en Japón en 1988, cuando se publicó una traducción de The Vanishing Hitchhiker: American Urban Legends and Their Meanings (El autoestopista que desaparece: leyendas urbanas americanas y sus significados, 1981; no publicado en español), obra del folklorista estadounidense Jan Harold Brunvand. Los jóvenes y energéticos investigadores japoneses del momento tradujeron la obra para lanzar una piedra al tranquilo estanque de los estudios del folklore japonés, hasta entonces basados en cuentos antiguos y leyendas tradicionales, con el propósito de indicar que investigar ese tipo de rumores equivalía a indagar en el estado de las ciudades contemporáneas.

Brunvand definió la leyenda urbana como “una historia original que le sucede al amigo de un amigo, en el transcurso de su vida urbana cotidiana”. Historias como la del autoestopista que en realidad era un fantasma, o la del asesino que se esconde bajo la cama. Los autoestopistas fantasmas son un motivo que se remonta hasta el siglo XIX y los carromatos de caballos, pero se fueron adaptando conforme los coches a motor entraban en la sociedad, y el desarrollo de los periódicos y otros medios de comunicación facilitó su propagación. Por ejemplo, los sucesos que se leían en el periódico o se escuchaban por la radio se contaban en cada rincón de Estados Unidos como si hubieran ocurrido allí, añadiendo características locales.

“En Japón, en la segunda mitad de los ochenta, el boca a boca lo era todo. De pronto, por algún motivo, los estudiantes de secundaria e instituto hacían largas colas en cadenas de heladerías como Hobson’s o 31 (Baskin-Robbins), o empezaban a llevar todos bolsas Boston. En las zonas urbanas, entre los estudiantes, cuando se corre la voz de que algo está de moda, la información se extiende en un abrir y cerrar de ojos. Se trata de una economía en la que, en camino hacia la burbuja la burbuja, los jóvenes han logrado un mayor poder adquisitivo: los estudiantes de instituto y los universitarios trabajan por horas en cadenas de restaurantes y tiendas de veinticuatro horas y consiguen su propio dinero. El marketing de las empresas comenzó seriamente a tomar en cuenta ese boca a boca de los niños”.

Un ejemplo representativo del éxito de ese tipo de marketing son las galletas Koara no māchi (La marcha de los koalas), de Lotte. Entre las estudiantes de instituto se extendió el rumor de que traía suerte encontrar un koala con cejas. Como resultado la empresa aumentó la variedad de diseños con koalas, creando una marca de grandes ventas que en 2019 cumplió su 35.º aniversario.

“Otros ejemplos de las leyendas de ese momento aseguran que trae suerte tocar el taparrabos rojo del personaje que aparece dibujado a la carrera en los camiones de la empresa de transportes Sagawa; y que las parejas que se suben a una barca del estanque Shinobazu, en el parque de Ueno, rompen. Las revistas y otros medios recogían en sus publicaciones rumores como estos e información de boca a boca, y los presentaban como ‘leyendas urbanas’. Los escritores recopilaban este tipo de historias y las exageraban a propósito, para generar un boom. Un buen ejemplo es el ‘perro con rostro humano’, que presentó la famosa revista Popteen. Se decía de él que hablaba como una persona, que su cara era como la de un señor de mediana edad, y que era capaz de perseguir un coche a velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora”.

“Estas leyendas urbanas llegaron al auge de su popularidad a principios de los noventa, y a partir de 1995 comenzaron a desaparecer. El Gran Terremoto de Hanshin-Awaji y el ataque terrorista del grupo Aum Shinrikyō con gas sarín en el metro de Tokio le quitaron a la gente las ganas de hablar de fantasmas. Los medios dejaron por completo de hablar del tema”.

La segunda ola: historias de terror por Internet

Al comenzar el siglo XXI las leyendas urbanas experimentaron un segundo auge. “La primera ola de leyendas urbanas vino de la mano de rumores de niños exagerados por la televisión, las revistas y otros medios de comunicación. A partir de 2000 comenzaron a proliferar las ‘páginas de texto’, como blogs y similares. Un blog dedicado a recopilar viejas leyendas urbanas se hizo tan popular que llegó hasta el punto de verse publicado como libro; posteriormente empezaron a publicarse todo tipo de obras similares sobre leyendas urbanas. Quienes habían sido estudiantes en aquella época los adquirían por nostalgia, y las otras generaciones se interesaban por el tema, ayudando a su éxito”.

Por otra parte, las revistas y cadenas de televisión también han publicado historias interesantes aparecidas en Ni channeru (Canal 2, un popular foro de Internet), las cuales han ido conformando un nuevo corpus de leyendas urbanas. Bien conocidas son Kunekune la historia del extraño objeto blanco encontrado por un estudiante de primaria en un arrozal de una zona rural; Kotoribako, la jaula de pájaros maldita; o Hasshaku sama, un terrible monstruo femenino de más de dos metros. “Se trata de historias de terror demasiado largas para ser contadas oralmente. Este tipo de leyendas se generan en la Red constantemente”.

Más o menos a partir de 2010 comenzó a aparecer un nuevo tipo de historias participativas, centradas en las redes sociales. Una de ellas, La estación de Kisaragi, se ha venido contando desde hace más de diez años, pasando del Nichanneru original a Twitter. El origen de la historia se publicó en 2004 en Nichanneru “Me subí al tren en Shinhamamatsu. Era el mismo tren que uso siempre, pero llegamos a una estación cuyo nombre no me sonaba de nada. ¿Qué puedo hacer?” Se publicó como una consulta, con preguntas y respuestas, y la historia continuó a partir de ahí.

“Alguien resume la historia en una página aparte, y sus contenidos se publican de nuevo. La historia se escribe en una voz falsa, para crear la impresión de ser una conversación en el lugar de los hechos. La gente participa de forma inmediata, conectándose a la historia y ayudando a crear nuevas leyendas urbanas. Esa es la característica principal de la segunda ola en la era web. Además, muchas de ellas son historias de terror. También existe, creo, la sensación de estar participando en un juego de persecución virtual, un juego de simulación de fantasmas o similar en el que se experimenta un misterio en el mundo real”.

En comparación con las leyendas urbanas que se transmitían antes principalmente de manera oral, las historias que lo hacen por vías digitales oscilan entre dos extremos: o apenas cambian, o cambian radicalmente. “Dado que la transmisión oral se basa cada vez en la memoria del narrador, aunque se den pequeñas variaciones la trama no cambia mucho. En el caso de la transmisión digital se puede copiar y pegar el texto, pero también se puede cambiar todo lo que uno quiera. La forma de difusión tampoco depende del tiempo o la distancia. También se ha acelerado el paso al que llegan las historias del extranjero”.

A partir del 2000 la leyenda de Kuchisake onna también comenzó a difundirse por Internet. En Corea del Sur, por ejemplo, adoptó matices diferentes a la versión original japonesa, como el color rojo de la mascarilla. “En Okinawa, Taiwán, Corea del Sur, China y otros países se dice que los monstruos solo pueden caminar en línea recta, por lo que la Kuchisake onna coreana no puede doblar una esquina, ni subir siquiera unas escaleras. También se habla de su novio, un hombre de cabeza rapada, también con mascarilla. A medida que las leyendas se exportan a países con estilos de vida urbanos, las historias se van adaptando poco a poco para incorporar elementos de la cultura de ese lugar”.

La cultura takotsubo de Internet y las noticias falsas

Con la segunda ola de las leyendas urbanas aparecieron también algunos creadores que hacían “arte” de dichas historias. “Seki Akio, un excomediante, popular desde 2006, es un ejemplo representativo. Saltó a la fama originalmente por un programa de variedades, en el que hacía un espacio en el que diversos famosos contaban leyendas urbanas. Su lema, “Usted decide si creer o no creer”, se hizo muy popular, y en la actualidad continúa actuando en conciertos y programas como Yarisugi toshi densetsu (Leyendas urbanas excesivas).

Recientemente lo más popular son los vídeos de youtubers que analizan leyendas urbanas. “Por ejemplo, la historia llamada Ascensor al otro mundo. Si una persona se monta en un ascensor de un edificio con más de diez pisos y pulsa los botones en una secuencia determinada, puede llegar al otro mundo. El youtuber en cuestión lo intenta en realidad”.

Las leyendas urbanas, que en otro tiempo se transmitían como si le hubieran ocurrido “al amigo de un amigo”, en esta época digital se están difundiendo aún con más alcance y rapidez, como si de juegos de moda se tratara. Sin embargo, segun Iikura, cada vez son menos las leyendas urbanas con las que entran en contacto la mayoría de las personas.

“Esto se debe al efecto takotsubo de Internet: las personas que visitan una página web suelen tender a agruparse con personas de su misma opinión, y no entran en contacto con otros grupos. Además cada vez son menos quienes debaten la autenticidad de la información; solo creen en aquello que les gusta, y consideran falso lo que no les gusta, sin cuestionarse el posible interés que pueda existir en la ambigüedad entre lo cierto y lo falso”.

Iikura lamenta que actualmente se empleen a nivel internacional medidas políticas para proyectar ansiedad en la realidad de las personas. “Es algo que se aplica a inmigrantes ilegales, a China, a Corea del Sur, incluso a Japón. Precisamente porque existe una sensación de seguridad ante la idea de que proyectar esa ansiedad sobre Kuchisake onna u otros fantasmas no equivale a hacerlo sobre personas reales. Me da la impresión de que en todo el mundo las leyendas urbanas están perdiendo terreno. Por todo el planeta se extiende una sensación de bloqueo, y un deseo de certeza en medio de la vaga inseguridad. Así las cosas, resulta irónico el creciente número de personas que recurren a noticias falsas y al tipo de información que los especialistas denominan leyendas urbanas”.

Cortesía, www.nippon.com

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